Era de noche y hacía frío. Una leve neblina tapaba el asfalto y las veredas por lo que iba casi adivinando por donde pisaba, cautelosamente. Mis ojos iban del suelo al frente, vigilando de que nada me pasara. Tenía miedo. No solía andar por las noches, exactamente por esa razón. Para mi gusto era demasiado miedosa, quizá más de lo debido pero ahora no me importaba. Ya estaba hecho. Ahora tenía que sobrellevarlo. Solo faltaban unas pocas cuadras hasta mi casa, pero parecían miles de kilómetros por caminar. Entonces, tropecé con algo que no había previsto. Me senté en la sucia vereda. Me había raspado una rodilla y algo de sangre se asomaba por ella. ¡Estupido pozo!, me quejé. Me levante con la ayuda de mis manos haciendo presión sobre el suelo. Mi pollera se había ensuciado, al igual que mis manos. Comencé a avanzar, mientras con la vista baja limpiaba mis manos sobre la ropa, cuando me choqué con alguien. Alce la vista para ver.
Era un chico. Sus ojos tenían el color de la miel, su piel era pálida y sus rulos abundaban en su cabeza. Me sonrío, dejando entrever sus perfectos y blancos dientes. Así, sin mirar su cuerpo, era hermoso.
Sonreí avergonzada.
-No hay drama. -dijo mientras sonreía- De todas formas, creo que te he chocado yo. -ahora unas arrugas se formaron en su frente, como de preocupación. Me reí tontamente. Él me miro.
-No, definitivamente no estoy bien. -comenté en voz alta entre risas- Debo llegar a casa… -dije intentándome ponerme seria, de una vez- Hasta luego, si es que nos volvemos a chocar. -le dedique una sonrisa, mientras lo miraba a los ojos.
-Si queres te acompaño. No es muy lindo que una chica como vos vagabundee sola por las noches. -otra vez se formaban esas arruguitas en su frente.
-Gracias, pero puedo sola. No soy la primera ni la ultima. Si las otras sobreviven, yo lo haré. -le agradecí.
-Claro. -dijo dando dos pasos hacía mi, quedando a corta distancia. Sin quitarme los ojos de enzima, busco algo en su chaqueta y de allí extrajo una birome. Me tomo de un brazo y allí garabateó un numero telefónico, el suyo., y algo más -Llámame, ¿si? -sonrió una vez más, antes de marcharse,
Lentamente retomé mi rumbo, mientras le echaba una ojeada a mi brazo. “Harry S.” Supuse que así se llamaba.

No hay comentarios:
Publicar un comentario