El se seguía apareciendo por mi casa como si nada. Al parecer su cabeza o no asimilaba que habíamos cortado o él no quería asimilarlo. Alguna de ambas. Pero eso no era lo peor de todo. Sino el hecho de que sus continuas visitas me agradaban. Me hacían sentir que de verdad, al menos, le importé o importaba un poquito. Y ahí esta el segundo problema: no se como puedo seguir pensando eso después del mal que me hizo. Me mintió, me oculto cosas, me engaño. No todos los engaños eran flirtear con otra mujer -o como se decía en criollo, con otra gata barata-. Él me había dañado emocionalmente. No sabía como había podido convivir conmigo en una misma habitación, y mucho menos como había podido mirarme a los ojos, abrazarme y hasta besarme. No lo comprendía. Lo odiaba, y hasta él sabía que eso era una gran mentira.

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