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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Cada vez que cierro los ojos.

Cada vez que cierro los ojos te veo. Ahí estas para mí cada vez que te necesito. Nunca estas triste, siempre para ayudarme. Cuando necesito del soporte de alguien, se que puedo contar contigo. No importa lo que estés haciendo, cuando sea, como sea y donde sea; la mayoría de las veces -por no decir siempre- tienes las palabras correctas. ¡¿Pero qué digo?! Ni palabras necesitas. Basta con que me mires fijo a los ojos para salvarme, sacarme de las malas rachas de dolor. Cuando pienso que todo esta perdido, tu haces que todo lo recupere. No se exactamente que eres, deliro en la cuestión de si eres humano o un ángel.
Cada vez que cierro los ojos te veo. Encuentro la felicidad eterna, una paz demasiado placentera que se mete por mi piel, y completa todo mi ser entero. Entonces siento que voy a vivir por siempre, que es todo eterno, que voy a permanecer joven junto a tu lado a través de los años.
Cada vez que cierro los ojos te veo. Te veo a los ojos, y en ellos veo mi reflejo. ¿Qué hice para merecerte? Porque, en verdad, no creo que alguien sea lo suficientemente bueno para pertenecerte y tenerte. ¿Acaso tan afortunada soy? No descubro como es que cabe tanto amor en mi pequeño corazón para una sola persona. No entiendo como es que entraste a mi vida: fue el destino, suerte, o coincidencia quizás.
Cada vez que cierro los ojos te veo, y entonces veo el hermoso cielo.

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